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Siempre estaremos juntos :) Amar, sentir, pensar, vivir

Mi vida sin ti

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iwe

Singapur, 3 de octubre de 2014

Despertamos… Y como cada mañana desde hace ya casi dos años, una inmensa sensación de felicidad me invade. Ya lo sabes. Es por ti. Te quiero mucho y me comparto contigo lo mejor que puedo, desde que me levanto hasta que me acuesto. Mi vida contigo es hermosa, estimulante y enriquecedora. Me enseñas toda esa verdad que eres y que sabes transmitir. Estoy realmente agradecida a la vida por poder disfrutar de esta fortuna que me acompaña, y que se hace realidad gracias a que tenemos todo lo que podemos necesitar y más. Los elementos necesarios para nuestra buena alquimia. Salud, amor, una familia, nuestro hogar, trabajo… Cada una de las oportunidades que nos brinda el momento para aprender, crecer, ser libres y viajar… AMIGOS.

Y hoy es de esos días en los que me levanto y siento una terrible necesidad de escribir. Lo necesito de verdad. Ya no sólo es por mí; sino por alguien más. Alguien que ahora está lejos, que se llama de muchas maneras y que vive en muchos lugares. Quizás no lo sepas todavía o no te lo haya dicho nunca: mi vida sin ti no sería lo mismo. Y el cuerpo me pide a gritos decirte todo lo que viene a continuación…

Corría el año 2007 – justo hace exactamente 7 años que han pasado volando – cuando aquella mañana del 3 de octubre me desperté tranquilamente como cualquier otro día. Justo acababa de empezar el nuevo curso, esta vez en la Universidad Complutense de Madrid para poder empezar el segundo ciclo y los estudios que me han ayudado a especializarme en Neurobiología.

El nuevo cambio supuso que los primeros días anduviera un poco descolocada y poco acostumbrada a simplemente pensar en el recorrido que tenía que hacer para llegar cada mañana a clase. Sin saber por qué, el ambiente al salir de casa me pareció bastante extraño. La lluvia, que estaba presente nada más salir a la calle, le proporcionaba a la atmósfera su toque gris, desapacible y en ocasiones bastante molesto. Sin quererlo, sin saberlo, me sentí negligente a empezar con ganas el día y la cuesta de la calle, que iba en dirección a la parada de metro, resultó igual de molesta que el chaparrón que estaba cayendo. Al remontar la pendiente, apareció un tráfico denso que colapsaba una de las calles más largas de Madrid, Arturo Soria, donde además destacaban a lo lejos tres ambulancias en medio del resto de vehículos paralizados. “Ha habido un accidente. Seguro que con la lluvia, que la gente se pone más nerviosa, un motorista y un coche se han dado.” Eso fue lo primero que pensé nada más ver el panorama. Ingenua de mí, me equivocaba por completo y, sin poder imaginarlo, la situación se debía a una de las peores circunstancias que he tenido que experimentar.

Al avanzar entre el tráfico, cruzar la calle y acercarme a la boca de metro, de repente me encontré con una cara familiar que entre lágrimas me miraba sorprendida y me decía: “¡la han apuñalado! ¡La han apuñalado! ¡Es Iwe!”. Tierra trágame. Momento para parar en seco, tragar saliva y replantearse la mañana. Creo que hoy en día sigo bloqueándome cuando pienso en las palabras de la hermana de una de mis mejores amigas que, sin quererlo, había tenido que sufrir una de las peores cosas que te pueden pasar en la vida.

De camino a su casa, me acuerdo de que su madre intentaba controlar el ataque de ansiedad de su hija mayor, María, mientras me apresuraba a llamar a mis padres y a uno de nuestros mejores amigos, con el que quedaba todas las mañanas en esa esquina para ir juntos a clase. Momento para derrumbarse porque no asimilaba nada de lo que estaba pasando, y la situación recuerdo que llegó a sobrecogerme y a enseñarme que no somos nadie.

El resto os lo podréis imaginar. Lágrimas, nervios, preocupación y una larga espera en el Hospital Ramón y Cajal. Aun sigo viéndonos en la sala de espera, sentados deseando tener noticias de Irene. Me acuerdo de que en un determinado momento se abrieron unas puertas y entonces apareció ella: la llevaban postrada sobre una camilla. Se dirigía al quirófano para ser intervenida gracias a que los médicos habían controlado la situación de inestabilidad en la que se encontraba. Irene había perdido mucha sangre desde el fatídico momento hasta que llegó la primera ambulancia, pero por suerte no la suficiente como para no resistir hasta una intervención – ¡Maldito Madrid lluvioso y atascado! – En ese cruce nos vio y fue un momento que yo sé que sirvió para mucho… Porque a veces una mirada y una sonrisa se pueden convertir en una fuerza poderosa que aparece entre la oscuridad del momento y te consigue alimentar. Esa fuerza sirve para saber que por suerte no estás sólo, que hay alguien que te espera y que no hay que tirar la toalla aunque lo más fácil sea dejarte llevar.

Esta es parte de la historia de Irene, una persona que es capaz de alimentar a los demás con su propia dulzura, un gesto que la caracteriza por encima de todos los demás. Y no quita para que luego sea una persona con su propio carácter, segura de lo que quiere y de lo que desea. Hoy, después de siete años, podemos celebrar de otra manera diferente este cumpleaños con sabor a victoria. Ahora mismo se encuentra en uno de los mejores momentos de su vida, tras pelear mucho y trabajar sin parar por tener lo que se merece.
Os contaré además que ella ha decidido dedicar su vida a cuidar a las personas enfermas y lidiar con uno de los trabajos más entregados que existen. Es enfermera. Y hace siete años, aquella nefasta mañana, se dirigía como nosotros a sus clases en la universidad. Las paradojas de la vida, ¿encontráis aquí la que me sigue sorprendiendo?

Mi vida sin ti no sería lo mismo. Y hoy es un día para echar la mirada atrás, reflexionar un poco y tomar mucha energía de todas las cosas buenas que tenemos. Contagiar por donde quiera que vayamos de positividad. Obrar bien. Transmitir que sentimos cariño por quienes están ahí en los buenos y malos momentos.

nuri

Mi vida sin ti. Ni sin ti. Ni sin ti… sería lo mismo.

marta

 

Nuestras vidas, en resumen, sin ninguno de nuestros amigos no serían lo mismo. Creo que si el destino no hubiera querido que todo se resolviera así, no seguiríamos siendo el mismo grupo de amigos. Porque perder a las personas de nuestro entorno supone un desequilibrio que además, en casos de tratarse de personas jóvenes, se hacen especialmente traumáticos. Y por desgracia conozco a otros grupos de amigos que se han visto en peores condiciones.

Hoy, se lo dedico a todos mis amigos. Todos. No importa donde quiera que estén porque yo sé que hay pequeños pero fuertes reductos distribuidos por muchas ciudades del mundo. Me quiero disculpar por todas las veces que no he sabido hacerlo bien, corresponder, atender las necesidades que me requerían. Muchas veces pienso que me he debido equivocar, y que una corrección a su debido tiempo no hubiera estado mal. Os he fallado, probablemente, a más de uno… Más de una vez.

 

Para seguir avanzando con las aventuras que os llegan desde lejos, hemos podido disfrutar con gran intensidad la F1 en Singapur. Aunque no sea precisamente un deporte que me apasione (el tenis es mi rey), creo que he aprendido bastantes cosillas curiosas que muy buenamente la pareja de invitados, Fátima y Mel, me han sabido explicar a lo largo de los cuatro días que hemos estado involucrados con las actividades que por aquí acontecían. Incluyendo los conciertos que han tenido lugar entre entrenamientos y carreras, que no han estado nada mal (vimos uno con una tormenta tropical increíble), y todas las exhibiciones de coches antiguos y ultra elegantes que por las calles de Marina Bay han paseado.

Además, este fin de semana pasado estuvimos en Tailandia con nuestros amigos viajeros y la incorporación también avisada del hermano sambero mayor Alex. Esta vez tocaba visitar uno de los rincones más famosos por su ajetreada vida nocturna: Phuket. Y ya de paso aprovecharíamos la visita a esta isla situada al sur del país para visitar las también famosas Koh Phi Phi Islands, donde Maya Bay sin duda es el lugar más concurrido de todos. ¿Os acordáis de la película de La Playa? Con esto ya creo que podréis situaros un poco 🙂

Sin quererlo, otro fin de semana que ha pasado volando. Algunos de los aventureros han vuelto a casa (Suecia) y la semana está acabando con la despedida de esta racha de invitados. ¡Menudo subidón el poder compartir con los demás parte de nuestras excursiones! Así, cuando pasen los años, podremos pensar en estos comanditos de personas a las que queremos. Mucho más cuando se trata de la visita de tu muy mejor amiga ❤

Y como esta actualización va dedicada a todos los que significan algo especial para mi… Desde los compañeros del colegio, instituto, universidad, Erasmus, trabajo, SDR… TODOS. Los amigos de la calle, del pueblo, del verano, de los viajes, del laboratorio, de la vida y del amor… Me gustaría acabar diciéndoles – o diciéndoos – que aquí os espero. Donde quiera que esté, siempre intentaré esforzarme por vosotros, mejorar y convertirme en alguien que merezca la pena conocer, cuidar y querer.

Mariposa os quiere *

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Autor: wailabel

Un rincón muy personal para compartirme con todos los que tengo lejos... Aquí podréis conocer más de mis aventuras, pensamientos y emociones. Podré dejar mi huella emocional a lo largo del tiempo

Un pensamiento en “Mi vida sin ti

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